Mi hijo llora al ir al cole: cuánto tiempo es normal y cuándo preocuparse

hijo llora colegio

Llega la hora de entrar al colegio y empieza el llanto.

Tu hijo se agarra a ti, te dice que no quiere entrar, quizá te abraza con todas sus fuerzas y, justo cuando tienes que marcharte, aparece la duda:

¿Cuánto tiempo es normal que mi hijo llore al ir al cole? ¿Debería preocuparme?

Si está empezando la escuela infantil, el colegio o simplemente vuelve después de unas vacaciones, llorar durante la despedida puede formar parte del proceso de adaptación. La separación de las figuras de apego puede generar ansiedad en los niños pequeños y las transiciones suelen ser especialmente difíciles cuando todavía no tienen recursos para explicar exactamente lo que sienten.

Pero hay una diferencia importante entre llorar porque cuesta separarse y no estar adaptándose bien.

Y esa diferencia no siempre se puede saber mirando únicamente lo que ocurre en la puerta del colegio.

¿Es normal que un niño llore al entrar al colegio?

Sí, puede ser completamente normal.

Para un niño pequeño, empezar el colegio significa mucho más que cambiar de edificio durante unas horas. Supone separarse de sus padres, encontrarse con adultos nuevos, relacionarse con otros niños, seguir una rutina diferente y pasar tiempo en un lugar que todavía no siente como propio.

Además, los niños pequeños no tienen todavía la misma capacidad que un adulto para anticipar el tiempo. Para ellos, un “te recojo después de comer” puede resultar mucho más difícil de comprender que para nosotros.

Por eso pueden saber perfectamente que mamá o papá volverán y, aun así, llorar cuando llega el momento de separarse.

La ansiedad de separación forma parte del desarrollo infantil y puede aparecer con especial intensidad durante los primeros años. No significa necesariamente que exista un problema ni que el niño no esté preparado para ir al colegio.

De hecho, hay una situación que suele preocupar muchísimo a las familias: el niño llora desconsoladamente cuando se despide y después se calma al poco tiempo de entrar.

En ese caso, el llanto de la puerta cuenta una parte de la historia, pero no toda.

Entonces, ¿cuánto tiempo es normal que llore?

No existe un número exacto de días que permita decir: “hasta aquí es normal y a partir de mañana ya no”.

Cada niño necesita un tiempo diferente para adaptarse. Algunos dejan de llorar después de unos días. Otros necesitan varias semanas. También puede ocurrir que un niño que parecía adaptado vuelva a llorar después de un fin de semana, unas vacaciones, una enfermedad o algún cambio en su rutina.

Por eso es más útil preguntarse qué está pasando con ese llanto que contar los días.

Hay una diferencia entre:

“Llora cuando me voy, pero después se tranquiliza, participa y sale contento”.

y:

“Cada día está peor, no consigue tranquilizarse durante la jornada y empieza a mostrar problemas también en casa”.

La evolución es una de las pistas más importantes.

Mi hijo llora al despedirse, pero luego se queda bien

Esta es una de las situaciones que más angustia genera a los padres.

El niño llora en la puerta, la profesora se lo lleva y tú te marchas pensando que probablemente seguirá llorando durante horas.

Sin embargo, cuando preguntas, te cuentan que después se ha calmado, ha jugado, ha desayunado, ha participado en alguna actividad o incluso ha terminado pasándolo bien.

Eso es diferente de un niño que permanece angustiado durante toda la jornada.

La despedida puede ser el momento más difícil porque es justo cuando se produce la separación. Una vez que el niño entra en la dinámica del aula y comprueba que sus padres vuelven cuando dijeron que volverían, puede resultar más fácil continuar con el día.

Por eso puede ser útil hablar con el profesor o profesora y preguntar algo más concreto que “¿ha llorado?”.

Por ejemplo:

  • ¿Cuánto tiempo ha tardado en tranquilizarse?
  • ¿Ha conseguido jugar?
  • ¿Ha hablado con otros niños?
  • ¿Ha comido?
  • ¿Ha participado en las actividades?
  • ¿Ha buscado consuelo en algún adulto?
  • ¿Ha tenido momentos en los que parecía tranquilo?

Estas respuestas ofrecen mucha más información sobre cómo está siendo la adaptación.

¿Cuándo debería preocuparme si mi hijo sigue llorando?

Más que un número concreto de días, hay algunas señales que merece la pena observar.

Una de ellas es que el malestar no vaya disminuyendo o incluso aumente con el paso del tiempo.

También conviene prestar atención cuando el problema deja de estar limitado al momento de entrar al colegio.

Por ejemplo, si aparecen de forma persistente:

  • Problemas importantes para dormir.
  • Dolores de barriga o de cabeza relacionados con ir al colegio.
  • Negativa constante a acudir.
  • Ansiedad muy intensa antes de salir de casa.
  • Cambios importantes en su comportamiento.
  • Pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba.
  • Dificultades para comer.
  • Malestar que interfiere claramente con su rutina diaria.

La ansiedad que dificulta de manera importante actividades normales, como dormir o acudir al colegio, merece una valoración y apoyo adicional.

Y hay otra cuestión importante: no todo rechazo al colegio es simplemente “no quiere separarse de mamá o papá”.

A veces detrás puede haber otra dificultad que el niño todavía no sabe explicar.

Puede ser que no entienda una rutina, que tenga problemas para relacionarse con otros niños, que algo en el aula le genere miedo o que esté viviendo una situación que le resulta difícil contar.

Por eso, si el rechazo persiste, hablar con el centro educativo es una parte importante de la respuesta.

Cuando tu hijo dice que no quiere ir al colegio

“Hoy no quiero ir al cole”.

A veces esa frase aparece nada más levantarse. O en el coche. O justo cuando llega el momento de ponerse la mochila.

Y es normal que como padre o madre quieras saber qué hay detrás: ¿no le gusta el colegio?, ¿le ha pasado algo?, ¿tiene miedo?, ¿es que todavía no se ha adaptado?

El problema es que un niño pequeño puede saber perfectamente que no quiere ir y, al mismo tiempo, no saber explicar por qué.

No siempre hay una respuesta concreta que descubrir. Puede echar de menos a sus padres, estar cansado, sentirse inseguro ante una rutina nueva, echar de menos su casa o simplemente estar pasando un mal momento con la separación.

Por eso, en lugar de convertir cada mañana en un interrogatorio, puede ser más útil observar y hablar con él cuando esté tranquilo.

Preguntas sencillas como:

  • “¿Qué es lo que más te gusta del cole?”
  • “¿Qué es lo que menos te gusta?”
  • “¿Con quién juegas?”
  • “¿Qué haces cuando llegas?”
  • “¿Qué es lo más difícil de la mañana?”

pueden dar más información que un “¿por qué no quieres ir?”.

Y si tampoco responde, no pasa nada. No necesitamos conseguir una explicación perfecta para acompañarle bien.

A estas edades, el comportamiento también comunica. El llanto, agarrarse a mamá o papá, no querer entrar o pedir quedarse en casa pueden ser formas de expresar una emoción que todavía no saben poner en palabras.

Por eso es tan importante mirar qué ocurre antes, durante y después del colegio, y no sacar conclusiones únicamente por lo que sucede en la puerta.

7 cosas que pueden ayudar cuando llora al entrar al colegio

1. Haz la despedida predecible

Los niños suelen llevar mejor las situaciones que pueden anticipar.

Intentar mantener una pequeña rutina cada mañana puede ayudar: llegar, guardar las cosas, dar un abrazo, decir una frase concreta y despedirse.

No hace falta inventar una despedida diferente cada día.

2. Explícale cuándo volverás

En niños pequeños suele ser más útil utilizar referencias que puedan comprender.

“Te recojo después de comer” puede resultar más fácil que “a las dos”.

La idea es que el niño pueda construir una referencia sobre lo que ocurrirá después.

3. No desaparezcas sin despedirte

Puede resultar tentador marcharse cuando está distraído para evitar el llanto.

Pero es preferible que sepa que te vas y que la despedida forme parte de una rutina predecible.

4. Evita alargar la despedida indefinidamente

Un abrazo se convierte en otro abrazo, después otro beso, después “uno último” y, cuando quieres darte cuenta, lleváis diez minutos en la puerta.

La despedida puede acabar convirtiéndose en el centro de toda la mañana.

Una rutina corta, cariñosa y repetible puede ser más fácil de gestionar.

5. Valida lo que siente

No hace falta decir:

“No llores, que no pasa nada”.

Para él sí está pasando algo: se está separando de ti y no le gusta.

Puedes decir:

“Sé que te cuesta despedirte. Te voy a echar de menos y después vendré a buscarte”.

Validar no significa transmitirle que el colegio es peligroso ni que no podrá soportarlo. Significa reconocer que la emoción existe.

6. Habla con su profesor o profesora

La información que proporciona el centro puede cambiar completamente la perspectiva.

Quizá el niño llore dos minutos y después esté jugando.

O quizá lleve varios días sin conseguir integrarse en ninguna actividad.

Son situaciones muy diferentes.

7. Mira cómo está el resto del día

Esta probablemente sea una de las claves más importantes.

No te quedes únicamente con la imagen de la puerta.

Pregúntate:

¿Cómo está cuando sale?

¿Habla del colegio?

¿Juega en casa?

¿Duerme como siempre?

¿Come con normalidad?

¿Tiene ganas de hacer otras cosas?

El conjunto de señales dice mucho más que el llanto de cinco minutos de la entrada.

¿Qué no conviene hacer?

Hay una reacción muy comprensible cuando un niño llora: intentar convencerlo de que no tiene motivos para hacerlo.

“Pero si el cole es muy divertido”.

“Si vas a jugar”.

“Si tus amigos están allí”.

“Si mamá vuelve enseguida”.

El problema es que ninguna de esas frases responde realmente a lo que está sintiendo.

También puede ser contraproducente convertir cada mañana en una negociación.

Si todos los días se plantea la posibilidad de quedarse en casa, el momento de ir al colegio puede acabar convirtiéndose en una batalla todavía mayor.

Eso no significa ignorar el sufrimiento del niño ni obligarlo sin escuchar. Significa diferenciar entre una protesta propia de la separación y un malestar que necesita que averigüemos qué está ocurriendo.

¿Cuándo pedir ayuda?

Si el llanto y la ansiedad no mejoran, empeoran o empiezan a afectar de forma significativa a la vida cotidiana del niño, es recomendable hablar con el pediatra y con el centro educativo.

También conviene pedir orientación si la negativa a acudir al colegio se mantiene o aparece acompañada de síntomas físicos recurrentes, como dolores de barriga, náuseas, mareos o dolores de cabeza, especialmente cuando interfieren con la asistencia escolar.

No significa automáticamente que exista un trastorno.

Significa que ya no merece la pena intentar averiguarlo todo solamente en la puerta del colegio.

El pediatra puede valorar la situación y, si es necesario, orientar hacia otros profesionales.

Una mañana difícil no significa una mala adaptación

Quizá esta sea la parte que más necesitan escuchar muchas familias durante las primeras semanas.

Que tu hijo llore cuando te vas no significa que hayas hecho algo mal.

Tampoco significa que no esté preparado para el colegio.

Y no significa necesariamente que vaya a pasarlo mal durante toda la mañana.

La adaptación no siempre es una línea recta. Puede haber días tranquilos y otros en los que vuelvan las lágrimas. Puede ocurrir después de un fin de semana, de unas vacaciones o simplemente porque ese día está cansado.

Lo importante es mirar el conjunto.

Si poco a poco consigue quedarse, relacionarse, jugar, participar y recuperar la calma, probablemente estés viendo un proceso de adaptación que necesita tiempo.

Si, por el contrario, el malestar se mantiene, aumenta o empieza a afectar a otras áreas de su vida, merece la pena detenerse, hablar con el colegio y pedir orientación.

Porque la pregunta no debería ser solamente:

“¿Cuántos días puede llorar mi hijo al ir al cole?”

La pregunta más útil es:

“¿Cómo está mi hijo después de que yo me vaya?”

Ahí suele estar una parte importante de la respuesta.